La autoinstitución de la sociedad. Contribución a la teoría del Análisis Institucional

Susana López Guerra

La autoinstitución de la sociedad. Contribución a la teoría del Análisis Institucional (Publicado originalmente en: Revista Virtual Unidad UPN 22ª. Abrir la escuela “La autoinstitución de la sociedad: Contribución a la teoría del análisis institucional.”  http://www.upnqueretaro.edu.mx/PoliticaEducativa/ PedagogiaInstitucional/autoinstitucion.htm. Febrero de 2002.)

El presente trabajo es una propuesta teórica de síntesis dialéctica entre las propuestas y reflexiones tanto positivas como negativas de la institución de la sociedad.

El punto de partida de la presente reflexión surgió con la lectura del artículo de Cornelius Castoriadis “La institución de la sociedad y la religión” [1] , el autor hace un llamado para que la sociedad se reconozca como autoinstituida, es decir, que acepte que las instituciones y significados existentes no sólo son su obra, sino además, que estas son formaciones arbitrarias, incompletas, y ante todo modificables y sustituibles por otras, quizá también incompletas y arbitrarias. La propuesta es que la sociedad se plantee y reconozca como capaz de instituirse a su medida y necesidad.

Afirma que la conquista humana del orden y la organización social se sostiene en una delgada capa que recubre el abismo que es nuestro origen y destino. Este abismo es la arbitrariedad y la muerte que se aloja en toda la vida, el sin sentido que cerca y penetra el sentido humano. El hombre emerge de la naturaleza, es decir del caos, su origen está allí. La religión pretende ser un ocultamiento del caos, del abismo, [pero] precisamente como intento de auto-ocultación es, a la vez, representación de la existencia de ese caos que pretende ocultar.

Cuestiona si se debe buscar en la razón el origen de lo humano, del orden social, o bien buscar en lo divino, lo científico o lo histórico. Ninguna de las anteriores respuestas le satisface, sostiene que es en la sociedad donde se debe buscar, pues la sociedad es la que instituye este orden que a su vez niega; es la creadora de sentidos; pero a su vez impide su cuestionamiento, lo escamotea.

Sostiene que debemos asumir la existencia del caos, del abismo, del sin sentido, que es la fuente perpetua y origen siempre presente de lo humano. La interrogante que surge después de la lectura del texto de Castoriadis es ¿cómo se ha instituido la sociedad para modificarla? y ¿cuáles han sido los mecanismos a través de los que se ha autoinstituido la sociedad?

En la explicación de Castoriadis del origen de la institución, del orden social, se puede reconocer que es fundamentalista además de parcial, porque reconoce lo social como fundamento de lo social y a la a naturaleza, el caos como,  peligro siempre permanente de su destrucción. Es inegable  que el ser humano es un  ser en peligro permanente del abismo, pero también es un ser en ascenso permanente.

Igor Caruso [2] analizó y contrastó las posiciones negativas-pesimistas y positivas-esperanzadoras de la teoría freudiana y de la propuesta de Theilard de Chardin, sobre el origen y destino del hombre. Esta reflexión sirven de inicio para comprender cómo se instituye la sociedad.

Tailhard de Chardin, antropólogo cristiano, ofrece la visión de una constitución humana creada y recreada en perfeccionamientos ascendentes, productos de ensayos cada vez más elaborados de la vida. Afirma que el hombre tuvo su origen en la materia prima básica con que está construido el universo, el magma estelar, origen de todo, su destino es llegar a la espiritualidad suprema; siempre en ascenso, siempre hacia arriba, más y más complejidad, primero inorganicidad, después organización vital, organización humana, desarrollo y expansión espiritual. En la visión de Tailhard de Chardin no hay lugar para una explicación de la caída, sólo el vector del ascenso, hasta llegar a lo que él llama “planetarización del espíritu”.

Esta es una visión contraria a la de Castoriadis y a la de Sigmund Freud, quien en Más allá del principio del placer [3] expone su famosa teoría del Tánatos, el instinto de muerte y afirma que este instinto tiene preeminencia sobre el instinto de la vida, el Eros.

La síntesis que realizó Igor Caruso entre el pensamiento de Freud y el de Chardin explicaría el fenómeno humano de la institución social enmarcado en una espiral ascendente, matizada por declives regresivos tales como las tragedias personales, familiares, sociales e históricas, pero a su ves convertidos en soportes de una nueva reordenación, de un nuevo ascenso. Ello hace comprensibles los fenómenos de subir aun después de haber caído, pues todo lo que nace, por muy elemental, singular y sencillo que sea nace sobre la complejidad acumulada de la totalidad, como afirma Popper [4] .

En el texto Tótem y tabú [5] de Freud identificamos el origen de la institución social, además del nacimiento de la culpa como proceso de hominización, Freud  afirma que la red constructora que impide la dispersión del grupo es el castigo en forma de culpa, de hambre o de muerte física. Lo trascendente de entender este fenómeno desde el orden de la idea institucional es descubrir que ese momento fundador sigue teniendo vigencia en el hombre contemporáneo ¿Cómo?

Money-Kyrle [6] cuestiona que el sacrificio y la comida totémica se debieran a la repetición compulsiva a través de los años, como afirmaba Freud, más bien supone que la repetición simbólica del parricidio no obedece necesariamente a un impulso ciego a repetir el pasado, sino que el padre actual suscita los mismos afectos ambivalentes que el padre primitivo y, en consecuencia, el odio inconsciente a los padres está presente en todos los tiempos.

La querella teórica entre la explicación antropológica de corte freudiano y la del pensamiento marxista sobre el origen de la familia no presenta una contradicción en términos teóricos. Freud al explicar la construcción intrapsíquica del ser humano, no pudo evitar crear una explicación de la cultura y del hombre, pero se sabe que esta explicación carece del rigor fáctico, que es con el que se trabaja en las ciencias sociales. Por otra parte las disciplinas del pensamiento económico tienen otro estatuto científico, muy diferente al del psicoanálisis, pues esta una disciplina comprensiva hermenéutica, y como ciencia o como modelo explicativo es diferente frente a este otro tipo de pensamiento. Sin embargo el pensamiento marxista también recurrió a explicaciones antropológicas para buscar los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado mediante el tránsito de la familia matrilineal a la patrilineal [7] .

Como grupo de grupos, organización de organizaciones, institución de instituciones el Estado, es el producto de la tradición de la cultura humana desde la época clásica hasta la actualidad, sin embargo no se puede comprender el sedimento sobre el cual el Estado se funda, solamente bajo la óptica de las condiciones objetivas, porque hay que comprender no solamente cómo se mantiene objetivamente, sino también subjetivamente.

Las interrogantes que surgen son ¿por qué persiste el Deseo de permanecer en un grupo más allá de las satisfacciones económicas y materiales o más allá del privilegio social?, ¿qué explicación científica puede arrojar luz sobre la adoración totémica a los líderes?

Freud generó una explicación integral de la construcción del psiquismo expresada en la teoría psicoanalítica, sin embargo a partir de este desarrollo hay derivaciones que trascienden lo psíquico. Si se utilizan estas ideas y se asocian al pensamiento marxista permite comprender cómo nace la institución humana y cómo es que tiene permanencia, es decir es vigente y hace viable el proyecto de la especie.

La idea suprahistórica ya enunciada por Freud sobre el surgimiento del grupo humano permite entender que en el momento mismo en que surge el grupo social  primario, producto del parricidio hominizante, la institución nace conjuntamente en él. En la psicología de los grupos se dan “pactos de sangre”, es decir  los grupos además de los objetivos materiales y de poder se constituyen también y se mantienen unidos por un régimen de códigos no racionales.

Freud descubrió de manera magistral el modelo de la culpa y el terror como proceso hominizante, Sartre recuperó esta visión a nivel de institución política para comprender la constitución profunda del grupo humano mediante la secuencia estructurante de los grupos, que va desde la serialidad hasta su burocratización. La estructura profunda de los grupos sigue teniendo el mismo “espíritu” arcaico del mundo de la simbólica del mal, del crimen, del castigo, del juramento establecido para ahogar la culpa parricida, gracias a la cual los hermanos sobre la tumba del cadáver físico o espiritual del padre muerto construyen una nueva era, la de la sociabilidad, de los lazos grupales. El hecho al cual se alude no es etnológicamente real, sino antroposimbólico o ucrónico.

La hipótesis que aquí se propone es que este fenómeno, y otros más, siguen vigentes en su estructura básica bajo el modelo freudiano; el hombre se somete y se domina a sí mismo edificando una cárcel de terror culpígeno y se libera mediante la externalización de la carga interior, -con la dominación de la naturaleza- mediante el trabajo transformador del mundo, constituyendo y utilizando un aparato simbólico‑fáctico: la institución.

Esta es una explicación de cómo se  auto-instituye la sociedad: el ser humano, se sacrifica como animal e inmola para sí su naturaleza paradisíaca y órfica, para construirse como hombre, con el dolor de la prohibición del incesto, la conciencia y con el trabajo, y utilizando el poder como instrumento de acción social.

Querétaro, Qro., México, 1º de diciembre de 2001.

 


[1] Cornelius, Castoriadis. “Institución de la a sociedad y la religión”, en Vuelta, México, n. 83, 1984.

[2] Igor Caruso. “Contribución al estudio de los conceptos de pulsión de muerte y agresividad de Freud”, en: Psicoanálisis, marxismo y utopía. México, Ed. Siglo XXI, 1985. pp. 21-118.

[3] Sigmund Freud. Más allá del principio del placer. Trad. Luis López Ballesteros. Madrid, Ed. Biblioteca Nueva.

[4] .Bryan Magee. Popper. México, Ed. Grijalbo, 1974. p. 94.

[5] .S. Freud. Tótem y tabú. Trad. de Luis López Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 850, v. II, cap. LXXIV, p. 1745.

[6] .León Gringberg. Culpa y depresión. Madrid, Ed. Alianza Universidad, 1983, p. 22.

[7] Al respecto véase la tesis de Federico Engels en el texto  El origen de la familia, la propiedad y el Estado. México, Editores Mexicanos Unidos, 1977.

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